¿Es Xenoblade Chronicles 2 el mejor videojuego de Nintendo Switch?

No, no lo es. La prensa y Metacritic lo tienen claro. Probablemente, también la mayor parte de usuarios. Y mi propia consola dice que he pasado la mitad de horas viajando por los titanes de Alrest que recorriendo el inmenso Hyrule de Zelda: Breath of the Wild. Entonces, ¿por qué me hago -os hago- esta pregunta?

Xenoblade Chronicles 2 supuso casi un primer acercamiento al mundo de los JRPGs modernos para mí, y puede que también para muchos. La forma en que Nintendo Switch ha introducido a públicos inesperados en todo tipo de géneros me parece digna de otra entrada. Fueron precisamente estos rasgos de género los que hicieron que la prensa colocara a Xeno2 las etiquetas de "difícil", "aleatorio" y "demasiado largo". Y también fue cierto prejuicio el que me llevó a postergar su compra hasta que no pude reprimir el interés por todo lo que el juego proponía. Así que introduje la tarjeta en la consola y empecé mi aventura -la de Rex- en Alrest.



Evidentemente, me enamoré. Entornos enormes, personajes carismáticos, un sistema de batalla tan poco atractivo al principio como adictivo desde el minuto 5... Y la banda sonora, ahora sí, la mejor de 2017. ¿Qué fallaba? Los gráficos. No su diseño o su ejecución, pero sí su optimización. También fallaba haber sido lanzado el mismo año que el venerado Breath of the Wild y el divertidísimo Super Mario Oddyssey, dos apuestas del más alto nivel por parte de Nintendo. Sin embargo, Xenoblade ha permanecido tan vivo durante sus primeros meses de vida, que ha sabido contentar a los fans del género JPRG y del propio juego mediante actualizaciones, modos de juego y grados de dificultad. Y, si hay algo que me ha llevado a escribir esta entrada ha sido, precisamente, la última de estas actualizaciones: la expansión-precuela Torna-The golden country.

Este producto, comercializado también en físico y por separado en un ingenioso ejercicio por parte de la Gran N, ha hecho que realmente me plantee si Xenoblade Chronicles 2, como juego completo, no está por delante de Zelda: Breath of the Wild. Lo ha hecho con una precuela bien formada, con unos personajes incluso más carismáticos que los del juego base, y con su capacidad para hacer divertidas hasta las otrora poco deseables misiones secundarias. Lo ha hecho llevando más allá la genial banda sonora y puliendo un poco los no tan geniales gráficos. Lo ha hecho siendo lo que Xenoblade Chronicles 2 quiso y quiere ser: el JRPG moderno por excelencia.

Y, con todo ello, si paro, pienso, y valoro las historias, los personajes, el sonido y la magia, Xenoblade Chronicles 2 no queda tan lejos de ese Breath of the Wild. Es más, lo supera en muchos aspectos y en muchas de las cosas que sí hay que hacer. No como experiencia jugable o como producto, no como reinvención de una saga, pero puede que sí como videojuego, como viaje, como cuento y como encanto: como incentivo para coger el mando y ponerte el traje de Rex o las botas de Lora.

¿Es Xenoblade Chronicles 2 el mejor videojuego de Nintendo Switch? Quizá sí, quizá no pero, sin duda, es todo lo que quiso y quiere ser. Gracias, MonolithSof.