Llámalo ambiente, o mi experiencia con Pokémon Sol y Luna

Hace sólo dos meses... Quiero decir, hace ya dos meses, la séptima generación de la conocida franquicia Pokémon llegó a nuestras consolas. La paradisíaca región de Alola nos dio la bienvenida a nosotros, chicos  y chicas nacidos en Kanto, criados en Johto y Hoenn, evolucionados en Sinnoh y Teselia y megaevolucionados en Kalos. No pretendo hacer una review de Pokémon Sol y Luna, ya que poco destacaría ésta una entre un millón, pero sí me gustaría compartir la que ha sido mi experiencia con los juegos que han venido a celebrar el vigésimo aniversario de una saga histórica.


Poco antes del lanzamiento de esta generación, entre la vorágine de críticas positivas y negativas, análisis y videoanálisis, leí un artículo donde resumían el espíritu del juego con una palabra: ambiente. Quizá se trate del término más adecuado para describirlo, porque eso es Alola y eso son los más de 80 nuevos Pokémon que habitan en la misma. Casi cada ruta, cada ciudad o villa -las zonas urbanas son mucho menos frecuentes en Alola que en el resto de regiones de la saga- y cada pieza musical que las acompaña, te hacen sentir en un lugar diferente, con un alma propia. La inclusión de espíritus guardianes para cada una de las 4 islas y de pequeños detalles que dan personalidad a su idiosincrasia contribuye a que el ambiente, la atmósfera, sea la más inmersiva en un juego de Pokémon hasta hoy.

Los personajes y la historia toman ciertas características que los sitúan entre el anime japonés y los RPG modernos, creando una historia bien hilada y en la que cada hecho aparece justificado por el pasado y termina desarrollándose en el futuro. Faltaría una mayor profundidad -e incluso más horas de juego-, afinar la velocidad en algunos puntos de la historia, y dar más protagonismo a las elecciones y los pasos del jugador. Espero que el futuro de la saga siga este camino.

Pero qué sería de Pokémon sin... los pokémon. He de reconocer que, en cuestión de diseños y adaptación de estos a la temática de su región, consideraría que los monstruos de Sol y Luna están entre los mejores de la saga. Vemos como algunos de ellos asumen incluso el papel de personajes durante la historia (ejem, Nebulilla y Tapu Koko ejem), mientras que otros encierran un lore que los diferencia claramente del resto de 800 pokémon. Además, la inclusión de los arriba citados espíritus guardianes, de los llamados dominantes y de las poké-monturas, hacen que las criaturas que dan nombre a la franquicia estén más presentes que nunca en el juego.

Como apuntes personales, y para compensar la ausencia de comentarios sobre nuevas mecánicas y mini-juegos que están más que analizados, quería destacar los pequeñísimos detalles que han hecho que este juego se gane un hueco en mi corazón friki cercano al de Pokémon Oro y Plata. Hacía mucho que no jugaba con un equipo tan sólido y entretenido como el encabezado por Mimikyu, mi Pokémon de cabecera durante este juego. El ligero aumento de dificultad ha hecho que pueda exprimirlo casi al máxmo durante la aventura, y la defensa del título de campeón (otra novedad de estas ediciones). La banda sonora ha dado algunas de mis piezas favoritas de la saga, mientras que el equipo villano ha sabido sacarme una sonrisa con sus chanzas y bravuconadas. Algunos personajes (Lilya, Nebulilla, Kaudan y Hela) han sido compañeros de aventura casi tan necesarios como mi equipo, y los momentos vividos en la cima del Altar de la Luna han quedado grabados para siempre en mi memoria de gamer.

Tras el éxito del 20 aniversario y de Pokémon GO, que han supuesto el resurgir de un Pokémon que nunca estuvo muerto, ni mucho menos, Gamefreak tenía la oportunidad perfecta para enganchar a una nueva legión de seguidores. Por ello, un juego que siguiera la anquilosada estructura de la saga y la llevara al máximo nivel, podría haber sido la opción más acertada. Sin embargo, la necesidad y casi el deseo de sorprender a los jugadores de siempre ha dado como resultado la deliciosa aventura de Sol y Luna, en la que lo clásico y lo nuevo se unen de forma más que acertada. Sin duda, podemos estar ante el comienzo de otros fructíferos y, ante todo, divertidos veinte años.

Imagen: Digital Spy.