Todo lo que queda

CREANDO

Dirigí la vista a la sinuosa elevación donde se había asentado la ciudad. Sus torres, en otro tiempo tan altas como frágiles, no eran más que moles truncadas.
Tardé pocos minutos en llegar junto al arco de entrada, la única edificación exterior que intentaba aparentar normalidad. La muralla, derruida, había dejado en las torres los únicos testigos de su existencia.

Dentro había muchas cosas, pero ninguna se parecía a lo que había sido. Los edificios caían sobre las calles, y nuevos caminos se abrían entre las ruinas. Los pocos lugares en los que poder refugiarse eran paredes dobladas y tejados que acariciaban el suelo. Todo estaba derruido.

Se acercó a mí jadeando, con la ropa manchada de polvo.
¿Esto es todo lo que queda?
No quise responder. Seguí adelante, pero un fuerte olor a cáos me detuvo. Me volví a él intentando ocultar las lágrimas.
Creo que podemos decir sin temor que... mi hogar está en ruinas.
Mi cabeza gritaba, quería salir de allí. Me pecho se encogió al dar el primer paso hacia el arco de piedra.